No podemos andarnos con rodeos. La sociedad, cada vez evoluciona con mayor rapidez y los lazos afectivos o laborales se hacen mucho más complicados.

En un principio, todo es ideal. Disfrutamos de la relación o del nuevo trabajo al que nos encontramos pero, al ser tan variable la sociedad, enseguida nos damos cuenta de que existen otras variables que “nos estamos perdiendo” por culpa de nuestra situación o compromiso. 

Si hemos conseguido trabajo, cuando llevamos un tiempo (unos años) comenzamos a incomodarnos por las ventajas que a otros trabajadores (más cualificados, con mayor experiencia o con otras responsabilidades) y por parte de la empresa, se les dispensa. Y ahí es donde aparece el desencanto de no sentirse correspondido en la medida que él considera. Interpreta, que todos somos iguales y no llega a reconocer sus verdaderas aptitudes; cuestión que le lleva a ejercer una actitud indeseada para el buen desarrollo y ejercicio empresarial.

No llega a darse cuenta que si la empresa funciona NUNCA le faltará trabajo y que si la empresa comienza a fallar, pone en riesgo su trabajo y el de sus propios compañeros. Y comienza la “contaminación” y la dejación de obligaciones. 

La contaminación se basa en ir comentando a otros compañeros sus infundadas desdichas. Y por su dejación, los demás compañeros tienden a relajarse bajo el argumento de que “no van a hacer el trabajo del otro”.

Cuando el desencantado trabajador (sin justificación alguna) ve que no prosperan sus reclamaciones, opta por la maniobra -aprendida de otros- de darse de BAJA LABORAL por enfermedad y que suelen ser enfermedades de las más indetectables (lumbalgia, dolor de espalda, angustia y depresión) y donde los médicos de cabecera no se involucran en un reconocimiento exhaustivo limitándose a dar de BAJA LABORAL al supuesto “enfermo” (no vaya a ser que lo esté de verdad y se busque un lío el facultativo si trabaja en condiciones no óptimas).

No percibe el facultativo de turno si el trabajador pertenece a una gran empresa, o mediana, o pequeña. Pero, el supuesto “enfermo”, al faltar de su puesto de trabajo, no hace el mismo daño a una gran empresa que a una mediana y mucho mayor a una pequeña empresa. ¿Por qué? pues, sencillamente; porque una pequeña empresa, con generalidad en España, es una empresa familiar y ante la falta del mal trabajador se ve abocado a suplir su puesto con otro trabajador (otro sueldo) mientras dura la baja del falso enfermo al que, además, debe abonarle su nómina compartida con la compañía aseguradora pertinente.

TRABAJADOR

ESTAS CONDUCTAS SON LAS LACRAS SOCIO-LABORALES QUE HAN HECHO DESAPARECER MUCHAS DE LAS PEQUEÑAS EMPRESAS QUE NO HAN PODIDO HACER FRENTE A SITUACIONES DE ABUSOS POR PARTE DE LOS TRABAJADORES DESLEALES.

De otro lado, y como decíamos al comienzo, está la ilusión de una nueva relación sentimental. “Una unión para toda la vida”. Pero, a veces, la vida es muy corta. Y comenzamos a conocer la otra cara de la persona a quien nos hemos unido y con quien hemos engendrado un ser (chico o chica) que, en principio, regulaba nuevamente la estabilidad sentimental pero -y volvemos a la sociedad- comprobamos que nuestros amigos salen de copas los fines de semana. Se marchan a pasar unos días a éste o aquél lugar donde nos hubiera gustado ir y que algún tiempo atrás habíamos planeado. Y quisiéramos continuar enlazando la vida anterior con la presente…………

Estas situaciones, unidas a las responsabilidades de progenitor hacen un efecto interno que explosiona -en múltiples ocasiones- y se culpa a la pareja de sus frustrados proyectos.

Comienza el deterioro sentimental y toda vez de acudir a profesionales de la materia, se dejan conducir por consejos de sus amistades que, si no han tenido la misma experiencia, han oído hablar de otros que han vivido en su misma situación y lo han zanjado con una separación consensuada.

Pero, amigo mío, el acuerdo o “común acuerdo”, como popularmente se le conoce, NO EXISTE. Permítasenos ser así de tajantes. Sencillamente, porque siempre aparece lo que los expertos denominamos “el jarrón de mamá”. 

El jarrón de mamá aparece cuando se reparten los bienes y llegados a un momento determinado aparece “el jarrón de mamá”. Uno dice que el jarrón no se vende porque se lo regaló su madre y el otro dice que es bien ganancial aportado a la unión y debe repartirse, de modo que se venderá y el beneficio se repartirá al 50%. Y, con ello, el “común acuerdo” se va al traste y comienza el procedimiento contencioso.

Es curioso cómo una pareja que ha convivido, ha procreado, han vencido malos momentos y disfrutado buenos, pueden llegar a utilizar cuantas armas sean posibles para “destrozar” al otro.

Y aquí, entra en juego el mayor peligro y el mayor daño: Los menores.

Los menores (el bien menor protegido) se convierte en moneda de cambio y arma arrojadiza, con generalidad, de la madre bajo la falsa creencia de que SIEMPRE será ella la benefactora de la custodia y, por tanto, la que deberá recibir de la otra parte la remuneración correspondiente a la pensión alimenticia y la pensión compensatoria, en los casos que corresponda.

En sus cegueras por llegar al daño fácil del otro, no se dan cuenta que los menores son los verdaderamente dañados. Perjudicados sin justificación en medio de una lucha que no han buscado y que les obliga a que de sus vidas desaparezca uno u otro temporalmente. Niños que verán a quien corresponda la custodia cómo se relaciona con otra persona a la que le deben llamar papá o mamá. Esto, puede generar un shock en las mentes infantiles (de entre 5 y 8 años) que puede llegar a cambiar la personalidad del menor. Lo puede volver introvertido, caprichoso, combativo a la hora de obedecer las normas familiares porque ha podido experimentar que, cuando está con uno de los progenitores, se le permiten ciertas acciones que quedan restringidas cuando se encuentra conviviendo con el otro, lo que lo lleva a una desorientación, una deshubicación y una inestabilidad emocional que puede ser perniciosa para su mejor desarrollo. 

 

Es, a partir de estos conflictos cuando se hace muy necesaria nuestra labor para aportar pruebas OBJETIVAS E IMPARCIALES que faciliten el devenir de un proceso largo y tedioso como el judicial. 

La labor de un Detective Privado es metódica, minuciosa y exquisita con la reserva de cuanto se averigua y, si con anterioridad, nuestros informes tenían el grado de reserva de nuestras indagaciones como “CONFIDENCIAL”, la nueva Ley de 5/2014, de Seguridad Privada, sube el nivel a carácter “RESERVADO” confluyendo, con ello, con el silencio de nuestras pesquisas.

Estamos, pero no estamos. Somos ese tipo de personas que permanecen entre la sociedad atentos a todo movimiento de interés para nuestra labor. Pasamos y debemos pasar desapercibidos e integrados con el ambiente. Camuflados en el entorno y, si llega a ser necesario, tan cerca de nuestros investigados que llegamos a hablar con ellos y obtener información probatoria de primerísima mano.

NO LO DUDE. ANTE CUALQUIER SITUACIÓN DE LAS AQUÍ EXPUESTAS U OTRAS QUE PUEDAN INQUIETARLE, NO PERMITA QUE PASE MÁS TIEMPO Y ACUDA A UN PROFESIONAL DE LA INVESTIGACIÓN PRIVADA PUES, NUESTRA LABOR ES, POR LEY, EXCLUSIVA Y EXCLUYENTE LO QUE QUIERE DECIR QUE NADIE MÁS PUEDE DESARROLLARLA SI NO ES UN DETECTIVE AL AMPARO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR, CON TITULACIÓN UNIVERSITARIA Y LICENCIA DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA POLICÍA.

 

Estamos activos las 24 horas, todos los días del año.

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